Entrevista a Alberto Laiseca (fragmentos)Cuando se habla de poeta poseso o artífice, ¿vos, como escritor, consideras que hay una inspiración espontánea o, en cambio, la narración se va construyendo progresivamente sin espontaneidad?Es muy difícil de decir. A veces hay inspiración, se le ocurre una idea genial a uno, se empieza a cagar de risa y la desarrolla. Y a partir de allí sale algo que ni se imaginaba que iba a terminar siendo una novela o un cuento. Pero, en general, el mejor sistema es ponerse y bajar hasta las cuencas oceánicas de la creación. Es un poco como tirarse a una pileta muy profunda. Siempre pasa lo mismo: más bajás y más te tira el agua afuera. Pero si lográs llegar al fondo de la pileta y soportas la presión, después podés nadar todo derecho y hacer lo que tenés que hacer. Lo que cuesta es bajar.
¿Qué sacás de tus experiencias en talleres literarios?Con los talleres literarios yo he tenido grandes alegrías y grandes dolores y furias. Yo tengo un método que no comprenden todos mis alumnos: corrijo poco. Porque pienso que corregir demasiado para lo único que sirve es para reprimir. Y parece que hay gente que no lo entiende y se van furiosos y me exigen, incluso delante de los otros alumnos. Yo tengo ganas de decirle: "le voy a corregir, ¿me presta sus escritos? Gracias, es muy amable. Ah no, pero esta primera frase es una asquerosidad, y esta otra la ha sacado de tal lado, y de acá hasta el final ese una vulgaridad. Eso sí es suyo, lo vulgar es suyo. La felicito, no escriba más". ¿Qué quieren, qué les diga eso? No. Los trato con bondad y amor. Lo que va a ocurrir es que esa chica o el chico, poquito a poco, sin darse cuenta... Yo también escribía muy mal, ¿entendés? No nací por generación espontánea, me fui haciendo de a poco. Escribía historias de vampiros pero ¡clase zeta! ¡Era lo peor de lo peor! Entonces quiere decir que si yo cambié, también esa chica o ese chico pueden cambiar. Por eso yo no reprimo. Lo que tienen que hacer es no romperme las pelotas.